Costa Rica tiene la ciencia, pero le cuesta convertirla en empresas
Experta internacional señaló que al país no le falta talento ni ciencia, sino la capacidad de convertirlos en soluciones que lleguen al mercado.
Costa Rica tiene buena parte de los ingredientes para competir en innovación: talento, ciencia, universidades, centros de investigación, empresas e instituciones capaces de impulsar nuevas ideas.
El reto, según se planteó en el foro Destino Impacto, ya no es demostrar que ese potencial existe, sino lograr que el conocimiento salga de los laboratorios y las universidades, se convierta en soluciones y empresas, llegue al mercado y genere valor para el país.
Ese fue uno de los ejes de la actividad, realizada a inicios de setiembre y organizada por la Fundación CRUSA para analizar las capacidades, políticas, financiamiento y condiciones que Costa Rica necesita para consolidar el emprendimiento de base científica y tecnológica.
La Fundación CRUSA es una organización privada e independiente sin fines de lucro que impulsa el desarrollo sostenible, la innovación y el progreso social en Costa Rica mediante alianzas estratégicas, financiamiento y acompañamiento técnico.
El encuentro reunió a personas emprendedoras, académicos, empresas, inversionistas, representantes del sector público y organizaciones vinculadas al ecosistema de innovación.
La invitada internacional fue Marina Andrea Baima, especialista con más de 15 años de trabajo en la intersección entre ciencia, tecnología, sector productivo, gobierno y comunidades, y cofundadora de ENNOIA Latam, una organización regional que acompaña a grupos de investigación, científicos y emprendedores para convertir el conocimiento de los laboratorios en tecnologías y proyectos con impacto en el mercado.
Baima sostuvo que el principal desafío de América Latina no es la falta de talento ni de conocimiento, sino la capacidad de traducirlos en proyectos, empresas y soluciones concretas.
"Tenemos el talento, tenemos los números, tenemos las universidades, los centros de investigación", afirmó la experta, quien agregó que la región también cuenta con compañías, startups e institucionalidad robusta. Para ella, lo determinante es la actitud colectiva: "Uno crece cuando crece en comunidad; todos los actores tienen que estar sentados a la mesa".
Los ecosistemas no aparecen solos
Durante su exposición, Baima planteó que los ecosistemas de innovación no surgen de manera espontánea, sino que se diseñan. Eso implica trabajar alrededor de desafíos concretos, definir responsabilidades y construir las condiciones que permitan avanzar desde las ideas hacia la experimentación, la inversión y la implementación.
Bajo esa lógica, dijo, Costa Rica podría aprovechar sus capacidades científicas, institucionales y empresariales para convertirse en una plataforma regional de confianza donde se desarrollen y prueben soluciones, especialmente en campos donde el país tiene ventajas diferenciadas: biodiversidad, bioeconomía, transición energética, educación y tecnología.
La especialista propuso además entender el ecosistema de otra forma: no como un conjunto de instituciones organizadas alrededor de un único actor central, sino como una red de capacidades que se activa según los desafíos y las oportunidades. "El futuro es un problema de diseño. Y el diseño es un oficio colectivo", puntualizó.
Reducir las fricciones
Por su parte, el director ejecutivo de CRUSA, Byron Salas, consideró que el país no necesita construir su ecosistema de innovación desde cero, sino mejorar los mecanismos que permiten transformar las capacidades existentes en resultados concretos.
"El desafío es convertir capacidades que ya existen en rutas concretas de innovación", señaló. Entre esas rutas mencionó conectar la investigación con desafíos reales, facilitar la validación de nuevas tecnologías, acercar capital en las etapas de mayor riesgo y crear condiciones para que las soluciones que funcionan lleguen al mercado y puedan escalar.
Salas agregó que el valor de una plataforma regional de innovación no está simplemente en reunir actores, sino en reducir las fricciones que hoy dificultan que una buena idea se convierta en una solución de impacto. Si el país logra combinar conocimiento, financiamiento, capacidades empresariales y espacios de experimentación en torno a desafíos concretos, dijo, Costa Rica puede convertirse en un lugar donde la innovación se desarrolla, se prueba y se escala para toda la región.
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