

"Una vez que empiezas a jugar, te olvidas de todo", asegura Win Tint, quien, a los 74 años, continúa dedicándose al chinlone, el deporte nacional que por su carácter acrobático exige mucho, sobre todo en tobillos, rodillas y cadera.
"Jugar al chinlone es como bailar", explica este apasionado de la disciplina, que además es vicepresidente de la federación nacional. "El sonido de la pelota es como música", insiste.
El chinlone es casi sagrado en Birmania, y se practica en todas partes, incluso en calles polvorientas, también por sus virtudes mentales, al requerir una gran concentración.
Se juega con una pelota de ratán trenzado -una planta local, de la familia de las palmas- que seis jugadores, alineados en círculo, deben mantener en el aire el mayor tiempo posible haciendo malabares con los pies.
En una variante en solitario, mujeres artistas son capaces de golpear la pelota decenas de millas de veces, mientras caminan sobre cuerdas, dan vueltas a paraguas o encaramadas en sillas en equilibrio sobre botellas de cerveza.
Este espectáculo, único en Birmania, ofrece un respiro a una población agotada por el conflicto civil originado por el golpe de Estado militar del 1 de febrero de 2021, que ha provocado un aumento de la violencia y de la pobreza.

