

En 2018, las autoridades demolieron la mayor parte de la aldea de Chen, ubicada en la provincia de Guizhou (suroeste), para construir un proyecto turístico.
Pero Chen, de 42 años, se negoció a irse y, tras el fracaso del proyecto, desafiando una serie de órdenes de demolición, construyó, piso por piso, su excéntrico edificio, a la vez hogar y símbolo de resistencia.
La prensa china compara al edificio de 10 pisos, escaleras tambaleantes, balcones y extensiones estrafalarias, con los del universo fantástico del cineasta de animación japonés Hayao Miyazaki.
"Comencé a construir por necesidad, tratando de renovar y ampliar nuestra casa, pero luego se convirtió en una pasión y un pasatiempo", explica Chen a la AFP.
Los pisos superiores, donde duerme, se tambalean al compás del viento, y decenas de cuerdas y cables mantienen la casa anclada al suelo, dando la impresión de que todo el conjunto puede volar en cualquier momento.
"Cuando estoy allá arriba tengo la impresión de ser un nómada", dice Chen.
"La gente suele decir que es peligroso, y que debería ser demolido", afirma Chen, "pero nunca dejaré que nadie lo destruya".

